
Por: Carla Araneda Condeza, Escritora, Investigadora, Fundadora Concurso Literario Fuego de Letras, Directora Proyecto Escritoras Latinoamericanas Olvidadas, Directora Escuela de Escritores Chile.
El patrimonio está vivo y lo construimos día a día entre todos. Hacernos parte de esta idea es volver a darle valor a lo propio, a la identidad, a nuestro folclore y a la cultura latinoamericana. El patrimonio no solo descansa en archivos empolvados, fachadas viejas y museos; está vivo en el discurso oral, en los relatos que viajan de generación en generación. En una literatura que preexistía en nuestra tierra, con siglos de historia antes de las cartas del descubrimiento de Cristóbal Colón, en 1493. Estas cartas hablaban de un Nuevo Mundo como si este acabara de nacer. Un relato confirmado con la llamada “primera crónica de Indias”, Décadas del nuevo mundo de Pietro Martire d’Anghiera, de 1493. Una aproximación a la literatura latinoamericana que carece de verdad; una versión de nuestra propia historia literaria que nos llevó por siglos a mirar la literatura extranjera tratando de encontrar nuestra propia identidad.
Fueron siglos de enseñanza sobre la literatura de los cronistas que llegaron del Viejo Mundo para contar la historia latinoamericana con ojos ajenos. Bibliotecas completas hablan de una literatura latinoamericana que nace en 1492: la llamada literatura colonial. Y lo hemos creído.
¿Por qué sabemos tanto de la literatura extranjera y tan poco de la nuestra? Cabe hacerse la misma pregunta sobre nuestras lecturas. En Chile se lee un 80% de literatura importada, mayoritariamente literatura de Europa, Estados Unidos y, en los últimos años, asiática.
En la década de los sesenta, en el marco de la Revolución cubana y un movimiento global de descolonización, se gesta el llamado Boom latinoamericano, con figuras como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Roberto Bolaño, entre otros. Parafraseo las palabras de Julio Cortázar sobre esta época: en Latinoamérica dejamos de volcar los ojos a Europa y empezamos a mirarnos a nosotros mismos. Empezamos a confiar en nosotros y en el compatriota; comenzamos a leer nuestra novela. La novela del realismo mágico, esa novela que tenía personajes con los que podíamos sentirnos identificados. Una novela que no tenía miedo a gritar su identidad, una narración que abrazó sus mitos, leyendas, costumbres, tradiciones, habla y su folclore. Y precisamente esa es la novela que posicionó en el mundo a la literatura latinoamericana. Una literatura proveniente del discurso oral en distintas lenguas —quiché, náhuatl, quechua y mapudungun, entre otras— que precede a la llegada de los europeos al continente.
Somos parte de los pilares de la historia, de las seis columnas de la historia universal: a la par de Mesopotamia, Egipto, China e India, también están Mesoamérica y el Imperio incaico. Tradición, historia, costumbres, lenguas, folclore e identidad. Una historia riquísima, la historia precolombina, nuestra historia, de la que también es parte nuestra historia literaria.
En la historia de la literatura latinoamericana se habla de ciertos momentos que fueron vitales para tomar conciencia de la existencia de la misma. Uno de los primeros hitos se menciona en 1850 con la publicación de la revista El correo de ultramar en París, gestionada por escritores latinoamericanos exiliados, con textos críticos sobre la literatura colonial, gestándose así el concepto de fenómeno continental: Latinoamérica.
Siglo XXI, ¿somos conscientes de nuestra literatura? ¿Leemos literatura nacional? ¿Leemos literatura latinoamericana? Con la llegada de la era de la información, la globalización y la posmodernidad, se habla de una nueva crisis de la literatura latinoamericana: una crisis de identidad y de pérdida del poder de la palabra escrita. Esta breve columna no pretende dar respuestas unívocas y absolutas, pero sí al menos plantear preguntas y situar en la conversación uno de los desafíos que enfrenta la literatura. Y con esto, volver a esta idea: el patrimonio está vivo y lo construimos día a día entre todos, con consensos, discusión, olvidos y elecciones. Y en la literatura, lo hacemos entre escritores y lectores.
Referencias
- Adorno, R., & González Echevarría, R. (2017). Breve historia de la literatura latinoamericana colonial y moderna. Editorial Verbum.
- Ferrús Antón, B. (2021). América Latina en El Correo de Ultramar, parte literaria e ilustrada reunidas: literatura de viajes e imaginarios. Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, (27), 673–692. https://doi.org/10.25267/Cuad_Ilus_romant.2021.i27.30
- Pas, H. (2024). El Correo de Ultramar y su impacto editorial en Buenos Aires. Bibliographica, 7(1), 45-77. https://doi.org/10.22201/iib.2594178xe.2024.1.476

