
Por: Viviana Díaz Carvallo, Ecologista, Columnista, Presidenta de la Fundación Kurun.
1970 El origen de una promesa, Día de la Tierra
El 22 de abril de 1970, veinte millones de personas salieron a las calles en Estados Unidos. No fue un gesto simbólico, fue una reacción frente a un daño evidente; ríos contaminados, aire irrespirable, ecosistemas deteriorados.
De esa presión nacieron algunos cambios concretos. Había una promesa; que la humanidad, habiendo visto el daño y cambiaría su rumbo.
Las décadas siguientes el tiempo de las promesas, Con el tiempo, esa promesa se trasladó al plano global. Llegaron los grandes acuerdos, el Protocolo de Kioto, el Acuerdo de París. Cada uno fue presentado como un punto de inflexión. Cada uno fue celebrado. Pero las emisiones siguieron aumentando. Los compromisos se diluyeron en plazos, excepciones y falta de implementación. La ONU lo ha dicho con claridad; lo que existe hoy es insuficiente. No es desconocimiento. Es falta de decisión.
La crisis deja de ser advertencia,durante años, la crisis ambiental fue presentada como un escenario futuro. Hoy es una realidad.El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación; la llamada triple crisis planetaria avanzan de forma simultánea y se refuerzan entre sí. Las señales están en todas partes, eventos extremos más frecuentes, escasez hídrica, ecosistemas bajo presión.
Desde la Araucanía, esto no es abstracto. El río Cautín con menos caudal, el bosque nativo que retrocede frente al monocultivo, veranos más largos y con incendios cada vez más voraces, inviernos con menor volumen anual, pero lluvias más agresivas y destructivas en poco tiempo.
El progreso como relato, en paralelo, seguimos sosteniendo una idea de progreso que no resiste análisis. Se urbanizan humedales que regulan inundaciones. Se reducen áreas verdes en ciudades saturadas. Se intervienen ecosistemas protegidos bajo la lógica de la inversión. No es que no sepamos. Es que seguimos decidiendo en la dirección contraria. La naturaleza no opera bajo calendarios políticos. Ignorar sus límites no elimina las consecuencias: las acumula y las traslada en el tiempo.
Chile decisiones que también retroceden,esta contradicción también se expresa en Chile. No solo en lo que falta por hacer, sino en lo que se debilita. Instrumentos de protección ambiental se postergan, normas se flexibilizan y decisiones administrativas reducen su alcance. No siempre se necesita eliminar una ley. A veces basta con no aplicarla con la fuerza necesaria.
Una tendencia global, postergar, relativizar, negar, lo que ocurre en Chile no es aislado. En distintos países, resurgen liderazgos que relativizan la crisis ambiental o la subordinan a intereses de corto plazo. Durante la administración de Donald Trump, por ejemplo, se debilitó la regulación ambiental y se abandonó el Acuerdo de París. Pero el problema no es solo el negacionismo explícito. Es la normalización de la inacción. Actuar como si la crisis no fuera urgente es otra forma de negarla.
Entre lo individual y lo estructural,durante años se ha insistido en la responsabilidad individual, reciclar, reducir, reutilizar. Esas acciones importan, pero no son suficientes. Estas campañas de marketing trasladan la responsabilidad al consumidor, siendo que la verdadera descarbonización requiere importantes y significativos cambios sistémicos de los métodos de producción. La escala del problema exige decisiones estructurales y regulación efectiva, reducir la crisis ambiental a decisiones personales es, en el fondo, desplazar la responsabilidad.
Conmemorar es hacerse cargo,Llegamos a este 22 de abril del 2026 con más de medio siglo de advertencias, acuerdos y evidencia y con siete de los nueve limites planetarios sobrepasados, ubicándonos fuera del espacio seguro para la humanidad, Según el Planetary Health Check 2025 del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático
Este día no puede reducirse a gestos simbólicos. Exige exigir, a los gobiernos, decisiones concretas; a las empresas, responsabilidad real; y a nosotros mismos, coherencia. Porque esto no es un tema ambiental separado de la humanidad. Es el agua, el suelo, el aire y la biodiversidad pilares fundamentales que permiten la supervivencia, la calidad de vida de las personas, la salud y que sostiene la economía.
La Tierra lleva 53 años esperando que cumplamos la promesa. Y ya no hay más tiempo para seguir postergándola. No hay nada que celebrar. Conmemorar implica algo más exigente, reconocer que sabemos lo suficiente y que, aun así, no estamos actuando a la altura del problema. La pasividad no es neutral. Es una elección. Y es una elección que tiene consecuencias.

