Becker vs. Becker: Cuando la Memoria Incomoda

Por: Josefa Guzmán Guzmán, Polítologa, Licenciada en Ciencias Políticas, Secretaria Regional de las Juventudes Comunistas de La Araucanía.

El senador Becker ha defendido la megareforma económica usando el argumento de que los municipios deben aprender a gestionar mejor sus recursos. Según esta mirada, el problema de las comunas no estaría en la reducción de los ingresos públicos ni en la desigual distribución de los recursos, sino principalmente en la capacidad de cada administración para ordenar sus prioridades.

La afirmación podría parecer razonable si se analizara de manera aislada. Sin embargo, adquiere una dimensión distinta cuando se contrasta con la experiencia concreta de la administración municipal encabezada durante años por el alcalde Becker en Temuco.

Si el senador quiere convertir la gestión municipal en el centro de la discusión, entonces resulta legítimo revisar cómo se administraron los recursos en una de las comunas con mayores ingresos de La Araucanía. Porque hablar de eficiencia no puede reducirse a una consigna utilizada para justificar recortes, rebajas tributarias o una menor participación del Estado en el financiamiento de los territorios.

Durante la administración de Miguel Becker, la Municipalidad de Temuco fue cuestionada por destinar cerca de cien millones de pesos a una sola capacitación arriba de un crucero. Al mismo tiempo, distintas comunidades educativas debieron enfrentar problemas de infraestructura y una falta de mantención que afectó especialmente a establecimientos rurales.

Resulta difícil hablar de una administración eficiente cuando escuelas públicas ni siquiera contaban con una adecuada mantención de sus pozos y servicios básicos. La buena gestión no consiste solamente en equilibrar planillas presupuestarias. También supone responder a las necesidades concretas de las comunidades, garantizar condiciones dignas y priorizar aquello que tiene un impacto directo en la vida de las personas.

Otro ejemplo es la reconstrucción del Mercado Municipal de Temuco. Después de años de retrasos, conflictos y promesas incumplidas, tuvo que ser la actual administración la que retomara un proceso que permaneció prácticamente estancado durante una década.

El mercado no es solamente una infraestructura comercial. Es parte de la identidad de Temuco, del trabajo de sus locatarios y de la memoria urbana de la comuna. Su prolongado abandono evidencia que tener mayores recursos no asegura automáticamente una gestión eficiente, especialmente cuando faltan prioridades claras y voluntad política para concretar los proyectos.

Por eso resulta contradictorio que hoy se pretenda responsabilizar exclusivamente a los municipios por sus dificultades financieras. No todas las comunas parten desde el mismo lugar ni poseen las mismas capacidades para generar ingresos propios.

Temuco cuenta con una actividad económica, comercial e inmobiliaria que le permite disponer de una base financiera considerablemente mayor que la de muchas comunas de la región. La situación es muy distinta en territorios como Lumaco y Pitrufquén que tienen una dependencia mayor al 80% del Fondo Común Municipal, y tantas otras comunas rurales, cuyos presupuestos dependen de manera importante de las transferencias del Estado y de mecanismos redistributivos en contraste a la capital regional que depende en un 45% de este fondo.

Pedirles que simplemente “gestionen mejor” equivale a ignorar las profundas desigualdades territoriales existentes en Chile. Una comuna con mayor recaudación, más actividad comercial y una importante concentración de propiedades no enfrenta los mismos desafíos que otra con alta ruralidad, dispersión geográfica, menores ingresos propios y una población que requiere una mayor presencia estatal.

La desigualdad municipal no es consecuencia exclusiva de buenas o malas administraciones. Es también el resultado de un modelo de financiamiento que permite que algunas comunas concentren recursos mientras otras deben luchar cada año para garantizar servicios básicos.

En ese contexto, una reforma que reduzca los ingresos del Estado o que otorgue beneficios tributarios a los sectores de mayores ingresos no puede analizarse como un asunto separado de la realidad municipal. Cada peso que el Estado deja de recaudar es un peso que eventualmente no estará disponible para financiar escuelas, centros de salud, caminos rurales, programas sociales o infraestructura comunal.

Resulta especialmente grave que se promueva esta política mientras, al mismo tiempo, se responsabiliza a los municipios más pobres por no contar con recursos suficientes. Se beneficia a quienes más tienen y luego se exige austeridad a quienes deben atender las necesidades más urgentes de la población.

El debate, entonces, no es solamente técnico. Es profundamente político. Se trata de decidir quién financia el desarrollo de las comunas y quiénes reciben los beneficios de las decisiones económicas.

Antes de entregar lecciones sobre administración municipal, el senador Becker debería mirar la experiencia de su propia gestión en Temuco. No para quedarse atrapado en el pasado, sino porque la memoria es indispensable cuando se pretende discutir el futuro.

Quienes tuvieron la posibilidad de administrar una de las comunas con mayores ingresos de la región no pueden ignorar las dificultades de aquellos municipios que dependen de la solidaridad fiscal y de la acción del Estado para salir adelante.

Hablar de buena gestión exige coherencia. También exige comprender que no existe eficiencia posible cuando las comunas más vulnerables deben enfrentar sus responsabilidades con cada vez menos recursos.

La discusión no puede reducirse a Becker contra sus adversarios políticos. Es, más bien, Becker contra Becker: el discurso actual del senador enfrentado a la experiencia concreta de la administración municipal que su él encabezó durante años.

Y en esa comparación, la memoria resulta bastante menos conveniente que el eslogan.

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