
Por: Mabel Angélica Castro Jorquera, Psicóloga Infanto-Juvenil Clinica y Educacional.
En mi experiencia trabajando con niños y adolescentes, muchas veces las palabras no alcanzan para explicar lo que sienten. No siempre es fácil decir “estoy triste”, “tengo miedo” o “algo me preocupa”. Por eso, el juego y el proceso creativo pueden transformarse en formas muy valiosas de expresión emocional.
Cuando hablamos de arteterapia, no nos referimos solo a dibujar, también es crear con distintos materiales, modelar, pintar, escribir, hacer collage, recortar o construir, y también jugar, este enfoque expresivo nos permite que los niños y adolescentes puedan mostrar de manera natural aspectos de su mundo interno que a veces no logran comunicar de otra forma. En este proceso, no importa si el resultado es “bonito” o perfecto, sino lo que ocurre mientras exploran, imaginan y crean.
Personalmente, el arte y las manualidades siempre han sido parte importante de mi vida, y he podido ver cómo los procesos creativos pueden generar calma, conexión y una forma distinta de ordenar lo que sentimos. Por eso, integrar estos recursos en el espacio terapéutico permite ofrecer una alternativa más cercana y respetuosa con el ritmo de cada niño o adolescente.
He podido observar que cuando cuentan con un espacio seguro donde pueden jugar y crear con libertad, muchas veces logran expresar emociones, experiencias o preocupaciones que no habían podido poner en palabras. El juego y el arte pueden ayudar a dar sentido a lo que viven y favorecer su bienestar emocional.
En algunos casos, el acompañamiento terapéutico puede ayudar a que niños y adolescentes encuentren formas más accesibles de expresar lo que sienten. El uso de distintos materiales invita a explorar colores, olores, formas y texturas que también generan experiencias sensoriales, favoreciendo la conexión con sus emociones de una forma más natural. Crear, manipular y experimentar puede facilitar la expresión de inquietudes, tensiones o necesidades. La terapia no solo responde a momentos complejos, también puede ser una forma de apoyar su bienestar emocional, fortaleciendo recursos que les permitan comprenderse mejor a sí mismos y desenvolverse con mayor seguridad.
El proceso creativo no solo resulta beneficioso para niños y adolescentes, también puede transformarse en una forma de autocuidado para adultos. Muchas veces, al crear con las manos, elegir colores, journaling , explorar materiales o al realizar manualidades se genera una sensación de calma que favorece la conexión con las propias emociones. No es necesario tener habilidades artísticas, ya que el foco no está en el resultado, sino en la experiencia de crear. Permitirse estos momentos puede ayudar a disminuir el estrés, ordenar pensamientos, favorecer la atención plena, disminuir la rumiación mental, reconocer las propias emociones, y reconectar con el bienestar emocional.
A veces, jugar y crear también es una manera de decir lo que aún no se puede explicar.

