Reserva Nacional Malalcahuello Celebra 95 años como Baluarte del Patrimonio Natural en La Araucanía Andina

La Reserva Nacional Malalcahuello, uno de los destinos más emblemáticos de la Araucanía Andina, conmemora su 95° aniversario consolidándose como una pieza fundamental para la conservación de la biodiversidad y el impulso del turismo de naturaleza en el sur de Chile.

Fundada oficialmente el 31 de marzo de 1931 bajo el Decreto Supremo 1670, esta unidad de protección —cuyo nombre en lengua Mapudungun significa «Corral de Caballos»— ha evolucionado a lo largo de casi un siglo hasta convertirse en parte integral de la Reserva de Biósfera Araucarias, reconocida por la UNESCO desde 1983.

Con una superficie de 13.882 hectáreas que se extienden principalmente por la comuna de Curacautín y sectores de Lonquimay (Provincia de Malleco), la reserva destaca por el resguardo de especies milenarias. Entre su flora protegida sobresale la araucaria, acompañada de densos bosques de coigüe, roble, lenga y ñirre.

Este ecosistema es también el hogar de fauna silvestre de alto valor ecológico, incluyendo al puma, la guiña, el pudú, el zorro culpeo y aves majestuosas como el aguilucho y el carpintero negro.

En la actualidad, la administración a cargo de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) ha destacado el rol crucial de los guardaparques en el mantenimiento de este patrimonio. La reserva ofrece a sus visitantes una robusta red de senderos que invitan a la exploración responsable, entre los que destacan: Piedra Santa y Laguna Blanca, Tolhuaca y El Coloradito, El Raleo-Tres Arroyos, y la Ruta Malalcahuello-Nalcas.

Si bien la unidad cuenta con miradores y servicios sanitarios básicos, las autoridades recordaron que no dispone de zonas de camping, con el fin de minimizar el impacto ambiental. Asimismo, la reserva alberga al centro de esquí Corralco, lo que permite una oferta turística activa durante todas las estaciones del año.

Este 95° aniversario no solo celebra la historia de «la hermosa reserva natural de la Araucanía Andina», sino que reafirma el compromiso de las instituciones y la comunidad por preservar un paisaje donde la majestuosidad volcánica y el bosque nativo convergen para el disfrute de las futuras generaciones.

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